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Bocetos

El tipo verde de andar con escuadra y carbón cede el paso a su gemelo sonrojado, hierático. Los peatones se detienen al borde del precipicio, con la punta del zapato asomada al abismo. Sólo un anciano encorvado ignora la señal de alto. Tal vez la vista le traicione, tal vez tenga prisa porque la parca le eche los tejos. La única dama a quien ni el Tenorio pudo ser infiel. Cruza con paso de articulaciones quebradizas. Inalterable a la estampida motorizada. Unos conductores le esquivan, otros frenan en seco. Brama algún claxon que su sordera ignorará. Miradas atemorizadas entre los espectadores de acera. Un previsor empieza ya a marcar la llamada de emergencia. 1…1… el pulgar detenido sobre el 2. Un verdugo presto a ejecutar sentencia. En suspenso, por si el gobernador conmutara la pena. Un ciclista por poco acaba bajo las ruedas del urbano. El galápago, imperturbable a la colisión de partículas, avanza, como una montaña recién amanecida, hacia la otra orilla. Al alcanzarla se detiene en un saludo interminable a otro vecino. ¿Lloverá hoy? ¿Qué toma usted para la tensión? Durante la conversación, el monigote del semáforo danza indiferente en su esquizofrenia mutante.

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Un sobre puede contener ilusiones, recortes, calificaciones, pésames, telegramas, esperanzas, facturas, citaciones, dípticos, cheques, frustraciones, apuntes, anhelos… Vergüenza.

Teclea al ritmo de un contrarrelojista. Frena en seco. No porque haya pinchado sino por la urgencia de un mensaje. Se afana en soltar el pergamino de la pata de la paloma. En realidad, un móvil. El anacronismo alado, posado sobre la cornisa de la oficina, habría resultado más lírico. La concentración de los otros, sus compañeros difuminados, se rompe con cada pulsación en la respuesta. Olvidó silenciarlo. Cada letra se desprende en la pantalla hasta formar palabras que cosen frases. El sentido ya lo encontrará el receptor, donde esté. Suspira. Se levanta para despejarse mirando por la ventana. Llueve. Las gotas dibujan un salvapantallas de la realidad. Se pregunta cuándo sus dedos acariciarán algo más que un cristal.