bocetos_1

Teclea al ritmo de un contrarrelojista. Frena en seco. No porque haya pinchado sino por la urgencia de un mensaje. Se afana en soltar el pergamino de la pata de la paloma. En realidad, un móvil. El anacronismo alado, posado sobre la cornisa de la oficina, habría resultado más lírico. La concentración de los otros, sus compañeros difuminados, se rompe con cada pulsación en la respuesta. Olvidó silenciarlo. Cada letra se desprende en la pantalla hasta formar palabras que cosen frases. El sentido ya lo encontrará el receptor, donde esté. Suspira. Se levanta para despejarse mirando por la ventana. Llueve. Las gotas dibujan un salvapantallas de la realidad. Se pregunta cuándo sus dedos acariciarán algo más que un cristal.

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